1959-2008

 
 


Posted on Sat, Feb. 18, 2006, El Nuevo Herald


Porque es imposible olvidar

Recuerdo la primera vez que vi el Memorial: un entero cementerio lleno de cruces. Cada una de ellas con el nombre de un cubano como yo. No lloré porque a veces el horror paraliza el dolor. Cuántas familias destruidas, cuánta sangre derramada... Por fin alguien había plasmado el sacrificio de todo un pueblo en un camposanto.

Por mi mente pasaron tantos relatos tristes. Siempre he pensado que dentro de cada una de nuestras familias hay una historia de dolor infinito. La rastra de la muerte durante la invasión de Bahía de Cochinos, el remolcador 13 de Marzo, los fusilados, los que se ahogaron en el mar, los muertos durante el duro presidio político, los cuatro jóvenes de Hermanos al Rescate, los desaparecidos... Cada cruz un trozo de la historia de un pueblo dispuesto a darlo todo por un ideal.

Allí se camina despacio y en silencio. En respeto a ellos y aquéllos que lloran. La triste alegría de encontrar un nombre y poderle rendir tributo. He visto a padres, esposas, hijos, a muchos que nunca conocieron a sus progenitores, tocar el nombre de su ser querido con fervor religioso. La mayoría de los que caminan entre esas cruces padecieron la extrema crueldad de nunca saber dónde los enterraron. Ahora es la ocasión de decirles adiós, de ponerles flores.

El memorial es uno de los actos más sagrados de nuestro exilio. Tenemos una deuda de gratitud con aquéllos que nos precedieron en esta lucha larga y difícil. Cada año, en febrero, por unos pocos días, nuestros muertos están presentes. Y allí estarán otra vez las madres y las viudas, los amigos y los exiliados, juntos todos, para que el mundo sepa que nunca olvidaremos.

Alina Garrido

Miami


URL:
http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/editorial/letters/13900515.htm


 

 
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